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Siguiendo incondicionalmente el llamado de Dios

 

Junto a Débora, conozcamos un poco más el Punto Corazón de Salvador de Bahía.

 

Quiero hablarles de esta aventura que comencé siguiendo incondicionalmente el llamado de Dios, y que sean parte y puedan descubrir un poco de lo que estoy viviendo en esta nueva tierra: Brasil.

Estoy viviendo con 5 personas, de países y con personalidades muy diversas que nos unimos al encuentro de Cristo. Mi primera semana la compartí con Luci, una misionera francesa que ahora continúa su misión en la Fazenda, Mariana de Chile que está hace más de un año, Arnaud de Francia que está hace 6 meses, Tomasz de Polonia que llegó hace 4 y Flor de Córdoba que llegó hace un mes.

 

Se podría decir que tenemos una rutina, pero cada día tiene algo diferente, aunque en lo esencial (la oración) no cambia. Por la mañana rezamos Laudes, desayunamos y ocupamos el resto de la mañana en actividades de la casa. Almorzamos y como la Madre de cada casa de Puntos Corazón es María, a las 14.30 abrimos la puerta para rezarle un rosario, pidiendo por cada necesidad del barrio. El resto de la tarde nos dividimos: uno se queda en la casa para recibir a los niños y el resto sale a visitar. Asistimos a la Misa, rezamos vísperas, luego cenamos y terminamos  agradeciendo por el día y pidiendo disculpas por alguna falta. Nos caracterizamos por vivir el día con alegría.

 

La casa de Puntos Corazón en el barrio fue y es el lugar donde pueden acudir ante cualquier momento de dificultad, cuando necesitan que alguien los escuche, una presencia, cuando no pueden solos somos ese oído que escucha, esa mano que levanta, aún sin hablar, sin hacer algo material, solo presencia como María al pie de la cruz, mirando, sin hablar, sin gritar, sin protestar, solo estando para que su hijo sienta esa presencia, ese compartir el dolor, aunque ni nosotros entendamos para qué ni por qué, aunque no nos sintamos dignos de escuchar los dolores de otras personas, tenemos la necesidad de ser esa presencia que refleja a Dios. Por eso vamos al encuentro del que sufre para compartir su sufrimiento y así poder ayudar a Jesús a llevar su cruz.

 

Débora P.

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