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Evangelio según San Juan 21,1-14

P Nicolas Retes | 21/04/2017 | 2.768 vistas

Jesús se apareció otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Sucedió así: estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos discípulos.

 

Simón Pedro les dijo: "Voy a pescar". Ellos le respondieron: "Vamos también nosotros". Salieron y subieron a la barca. Pero esa noche no pescaron nada. Al amanecer, Jesús estaba en la orilla, aunque los discípulos no sabían que era él.

 

Jesús les dijo: "Muchachos, ¿tienen algo para comer?". Ellos respondieron: "No". El les dijo: "Tiren la red a la derecha de la barca y encontrarán". Ellos la tiraron y se llenó tanto de peces que no podían arrastrarla.

 

El discípulo al que Jesús amaba dijo a Pedro: "¡Es el Señor!". Cuando Simón Pedro oyó que era el Señor, se ciñó la túnica, que era lo único que llevaba puesto, y se tiró al agua.

 

Los otros discípulos fueron en la barca, arrastrando la red con los peces, porque estaban sólo a unos cien metros de la orilla.Al bajar a tierra vieron que había fuego preparado, un pescado sobre las brasas y pan.Jesús les dijo: "Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar".

 

Simón Pedro subió a la barca y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: eran ciento cincuenta y tres y, a pesar de ser tantos, la red no se rompió.Jesús les dijo: "Vengan a comer". Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: "¿Quién eres", porque sabían que era el Señor.Jesús se acercó, tomó el pan y se lo dio, e hizo lo mismo con el pescado.

 

Esta fue la tercera vez que Jesús resucitado se apareció a sus discípulos.

 

 

Palabra de Dios

 

 

 

 

 

 


P. Nicolás Retes sacerdote de la Arquidiócesis de Buenos Aires

 

 

 

 

 

Con gran alegría queridos amigos de Oleada Joven estamos celebrando la Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo y toda esta semana venimos escuchando en la Palabra de Dios, precisamente en el evangelio, las distintas apariciones de Jesús resucitado.


En este caso, la liturgia de este viernes de la octava de Pascua, nos presenta otro texto más de la aparición de Jesús, la resurrección que se manifiesta después y esta es una de las pruebas, la aparición del resucitado a aquellos que Él más amaba.


Fíjense que el texto en el principio, mencionan quienes estaban juntos allí, quienes estaban reunidos y con esta dificultad, ¿no? Que Jesús, les interroga y les pregunta si tienen algo para comer y ellos dicen ¡que no!


Siempre que esta Jesús hay abundancia.


La instrucción de Jesús es tirar la red a cierto lugar, ellos hacen lo que Él Maestro les dice y por supuesto, al seguir sus instrucciones, al seguir Su Voluntad, se produce el gran milagro, sacan dice el texto 153 peces, la red no se rompió, RESISTE.


Y justamente esta abundancia demuestra que la presencia de Jesús hace crecer el reino.


Nuestra sola presencia no alcanza, nuestras buenas intenciones suman, pero no lo es todo, necesitan siempre, tenemos esa necesidad, la presencia del Señor entre nosotros.


Y esa presencia del Señor sobre nosotros esta asegurada en nuestra querida Iglesia, esta asegurada ya desde la resurrección, esta asegurada ya desde que Jesús se despide de nosotros cuando asciende a los cielos: “Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo”.


En nuestra vida también esta asegurada esa presencia del Señor.


Si nosotros no somos fieles, el Señor Sigue siendo fiel. Si nos desviamos del camino, nos llama una y otra vez para que nos acerquemos, por lo tanto aprovechemos esa Gracia, ese regalo que el Señor nos hace.


Pensemos que esta resurrección es para que nosotros también la podamos disfrutar y la podamos aprovechar, podamos resucitar.


Esta resurrección se da todos los días, va a decir el evangelista Juan, con otras palabras, se da aquí y ahora, uno puede vivir en esta tierra como resucitado si realmente abraza La Gracia de Dios. Si verdaderamente abraza la verdadera Fe, si verdaderamente nos dejamos conducir y convertir por el Espíritu Santo.


No nos quedemos de brazos cruzados, no perdamos la esperanza, seamos constructores de Paz de ternura, seamos mensajeros, embajadores realmente de la buena noticia.


Todo esto se hace con un corazón inundado con la Luz de la Resurrección. Este es el mensaje de esperanza que se hace carne en nuestras propias vidas. Pedro se tiro al agua, Pedro se animo a seguir a Jesús más de cerca, lo que nos pide el Señor es eso, no quedarnos simplemente en la orilla siendo espectadores. El Señor nos pide que nos convirtamos protagonistas, verdaderamente seamos discípulos, mensajeros, de esta buena noticia.


Reconozcamos al resucitado en nuestras vidas y contagiemos, llenemos de luz este mundo.

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