“El amor lo vence todo”, incluso las adicciones

06/10/2016 –  Como cada año, en el mes de octubre, en Córdoba capital tiene lugar el “Encuentro con Cristo”, un evento juvenil de la Iglesia Católica de Córdoba.

 

Este año el encuentro tiene como protagonista al Cura Brochero, el joven cordobés que se animó a dejarse tomar por Jesús y se gastó la vida en el servicio al reino y a sus hermanos.

 

La cita está siendo en la Iglesia de La Compañía de Jesús, y en la noche del martes 4 de octubre, en el momento de la iluminación del encuentro, compartieron con todos los presentes y los oyentes de la audiencia de Radio María Argentina, Mario, coordinador de la Fazenda de Deán Funes y Néstor, un adicto en recuperación.

 

 

A continuación te acercamos la palabra del Evangelio de San Marcos, desde donde comenzó el compartir de ambos invitados:

 

»Unos días después, Jesús volvió a Cafarnaúm y se difundió la noticia de que estaba en la casa. Se reunió tanta gente, que no había más lugar ni siguiera delante de la puerta, y Él les anunciaba la Palabra. Le trajeron entonces a un paralítico, llevándolo entre cuatro hombres. Y como no podían acercarlo a él, a causa de la multitud, levantaron el techo sobre el lugar donde Jesús estaba, y haciendo un agujero descolgaron la camilla con el paralítico. Al ver la fe de esos hombres, Jesús dijo al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados».

 

Unos escribas que estaban sentados allí pensaban en su interior: ¿Qué está diciendo este hombre? ¡Está blasfemando! ¿Quién puede perdonar los pecados, sino sólo Dios? Jesús, advirtiendo en seguida que pensaban así, les dijo: ¿Qué están pensando? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: “Tus pecados te son perdonados”, o “Levántate, toma tu camilla y camina”? Para que ustedes sepan que el Hijo de hombre tiene sobre la tierra el poder de perdonar los pecados, dijo al paralítico– yo te lo mando, levántate, toma tu camilla y vete a tu casa». Él se levantó en seguida, tomó su camilla y salió a la vista de todos. La gente quedó asombrada y glorificaba a Dios, diciendo: «Nunca hemos visto nada igual».

 

Mc. 2, 1-12

 

 

Mario, abre el compartir con una importante petición, que lo escuchen “con amor” y agrega que su testimonio será dado desde y con amor porque es así que podremos hacerle lugar a la persona de Jesús: “Dejémonos llevar de la mano de Jesús”

 

“San Marcos nos acaba de narrar que Jesús  anunciaba la palabra a la gente y que cuatro hombres le llevaron un paralítico tendido en una camilla. En un tiempo pasado yo también era un paralítico, sufría de parálisis y esa parálisis tenía nombre”, dijo Mario. Pero éstas parálisis fueron tomando distintos nombre, agregó que “comenzó en la relación con mi padre que era alcohólico, enfermo, celoso y muy violento. Pase la mayor parte de mi adolescencia viendo a mi padre golpear a mi vieja. Esto generó dentro de mi mucho rencor, impotencia y por último mucho odio. Mi corazón se convirtió en una corazón de piedra. Otra parálisis fue a los 19 años: comencé a experimentar por curiosidad, en mi época de estudiante, lo que es fumar un porro. Luego vino la cocaína. Me convertí en un adicto a las drogas. A partir de ahí mi parálisis se fue  agravando mucho más: yo enfermo adicto y mi padre enfermo alcohólico. Nuestra casa comenzó a derrumbarse. Pero mi parálisis fue más allá, empezó a enfermarse también mi madre, le dolió mucho tener un hijo adicto. Un día me dijo ‘Hijo, tu sabes que te quiero mucho pero si vas a seguir con esa vida de adicto prefiero que te vayas a vivir lejos de mí’. Fueron palabras muy duras para mi que calo muy hondo en mi corazón porque yo tenía amor a mi madre pero a la vez esas palabras me hicieron recapacitar y tomar una decisión. Sentía que la adicción me estaba matando, me estaba quitando a las personas que más amaba.”

 

Mario hace hincapié en que San Marcos habla de 4 hombres que llevan al paralítico hasta Jesús, y dijo “en mi caso 4 mujeres me llevaron a Dios: mi madre, mis dos hermana, y un a religiosa, la hermana Regina me hablaron de un centro de rehabilitación que trabajan la recuperación con tres pilares: el trabajo, la convivencia y la espiritualidad”, sigue recordando que llegó a la Fazenda de la Esperanza en el año 2007 para comenzar un camino de sanación.

 

“Fuí acompañado y mimado con mucha paciencia” (…) “De  a poco iba aprendiendo a caminar de nuevo y una palabra impactó mi corazón ‘Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen’. Esas palabras me hicieron comprender que mi mayor parálisis no eran las drogas sino la falta de perdón, la soberbia, el orgullos. La falta de perdón para con mi padre” (…) “Me confesé con un sacerdote y decidí perdonar a mi padre primero en mi corazón y luego estar en frente de él perdonarlo”.

 

Dios cumplió y cuando su padre estaba muriendo a causa de un cáncer, Mario pudo perdonar, pudo decirle “Papá yo te perdono de todo corazón todas las heridas y traumas que me causaste y te digo que sos un papa maravilloso que Dios me ha regalo’ Me tomó de las manos y me agradeció. Fue para mí un momento de paraíso.

 

Mario remarca que sus hermanos en la Frazenda le enseñaron a recomenzar, a perdonar, a amar, a tener esperanza en la vida. Allí se encontró con Jesús, a partir de allí nada fue igual.

 

Mario, al volver con su familia vio en su lugar los estragos que la droga estaba haciendo en tantos amigos, es por eso que decidió volver a la Fazenda a trabajar por otros jóvenes y dice“El servicio a los demás, a los más necesitados, con una vida consagrada a Dios” es el verdadero sentido de su vida. “El amor lo vence todo” con esas palabras cerró su compartir.

 

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Néstor, chileno de 31 años, coordinador de una casa de la Fazenda fue el siguiente en compartir su testimonio. “Soy de unos de esos que llevaron también que no creía en Dios que siempre le cuestioné. Hasta que realmente comencé a entregarme a Él. No quería aceptar que Él era el que me estaba cambiando”.

 

“La droga no es algo lindo que yo te pueda contar. Es algo que te lleva a perder familia, perder tu libertad, a quedarte solo”, comentó, agregando que “es muy difícil levantarse pero de la mano de Él es posible”.

 

Néstor dijo “me crié entre la violencia, la venganza, el dolor y hoy creo que estoy creciendo en el amor”. “Hoy en día me toca sumar y no restar. El amor fue lo que me salvó”.

 

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